Kitten's meow

"I know you can read my thoughts, boy: Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow".

Homer Simpson
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Ayer hablaban sobre el tema en twitter. No presté mucha atención, en parte porque me habría sentido tentada a participar y a opinar con demasiada autoridad  y conocimiento de causa, pues a mis 18 años, recién cumplidos, me sometí a un aborto. Esto es algo sobre lo que no sé bien sí debería  hablar de una forma tan pública, pero esta mañana se me antoja que sí , pues como que siempre anda opinando gente que sólo tiene ideas pre-concebidas sobre los asuntos y pocas veces se explora la visión de quienes han vivido las cosas.

Por ejemplo, antes de abortar yo consideraba que hacerlo no estaba bien. No sabía bien por qué, pero en el colegio me habían enseñado que eso no estaba bien, y por supuesto vimos películas en las que nos mostraban cosas suficientemente espantosas como para que toda la vida siguiéramos creyendo que a los bebés había que tenerlos siempre.

Luego, cuando de verdad estuve embarazada, pensé muchas cosas y no me acordé de las películas del colegio: pensé que era muy joven, que apenas empezaba mi vida sexual, que ese papá no me gustaba aunque estuviera bien para pasar el tiempo, que no había vivido nada, que no quería estar gorda, que no me veía amamantando a un niño, que no tenía una casa diferente a la paterna para vivir con quien podría ser mi hijo, que no me quería ir a vivir con el posible padre, que no quería tener tamaña responsabilidad a mis 18 años. Y miedo, también sentí medo, más que nada mucho miedo y confusión todo el tiempo.

Todas estas no fueron mis justificaciones racionales para finalmente no ser mamá, pues yo nunca tuve que pensarlo, ni sopesarlo, ya que desde el momento mismo en que un examen me corroboró lo que ya sabía (que estaba embarazada) supe que no iba a ser mamá, no en ese momento, no así, cuando yo simple y llanamente no quería serlo, pese a que los comerciales de J&J se mostraran tan persuasivos sobre la maternidad.

A mi prueba de embarazo fui sola, como sola decidí que no iba a tener un bebé. No lo consulté con nadie, no se lo pregunté a nadie. Se lo informé al potencial padre. También hice previsiones por si acaso el papá sí quería ser papá. Mi respuesta iba a ser contundente: NO.

Me hubiera gustado eso sí sentirme menos sola, menos vulnerable, menos vejada por las personas que en ese momento me rodearon que eran muy pocas y distantes. Sólo hacían su trabajo. D. solo me acompañaba porque era lo mínimo que podía hacer.

Me hubiera gustado sentir menos miedo de enfermarme luego y no saber que hacer, pues en rigor había cometido un delito. Me hubiera gustado volverme grande de otra forma, me hubiera gustado que me hubiera costado menos tristeza, soledad y miedo.

No tengo mucho más que decir. Los debates hay que dejarlos a quienes tienen suficiente sabiduría como para decidir qué es o no una persona, qué es lo que está bien y lo que está mal, y cómo deben las mujeres asumir un asunto que les atañe tanto, y que a pesar de ser supuestamente una decisión personal, es de interés absolutamente público, pues se trata nada más ni nada menos que de la preservación de la especie.

Han pasado muchos años desde que todo eso tuvo lugar en mi vida.  Me quedó una cicatriz muy muy grande y un dolor que nunca me deja de doler, pero que no tiene que ver con la culpa ni el arrepentimiento, creo yo, sino con el hecho de haberme sentido tan sola y confundida. Un sentimiento de soledad que se me quedó muy adentro, que no se me va, que todavía me entristece mucho y me cuesta lágrimas algunas mañanas. Pero eso es otra cosa.

Pese a eso no hay un sólo día  de mi vida, lo juro, en el que me haya levantado pensando que estuvo mal no tener un hijo entonces.  Nunca me he arrepentido, nunca me he descubierto imaginando como sería vida con él o con ella, ni lo que me diría, ni la forma de sus ojos o el color de su pelo. No he sentido arrepentimiento cristiano ni temor de la ley, ni pienso que todo lo que me pasa o me deja de pasar ha de ser la consecuencia karmática de mi decisión.

Pienso, más bien, que es la decisión más seria, madura, valiente y consecuente que he tomado en toda mi vida.

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