Kitten's meow

"I know you can read my thoughts, boy: Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow".

Homer Simpson
Recent Tweets @leidymarmalade
Who I Follow



La primera vez que leí la palabra “hipercrítico” fue hace algunos meses mientras leía Las Aventuras de Tom Sawyer. Me pareció una palabra rara; pensé que el traductor había hecho mal su tarea y cada vez  que la encontraba en el libro yo leía “hipercítrico”, que para efectos prácticos puede llegar a significar lo mismo.

Ahora, cuando observo y me involucro en cierta clase de discusiones, encuentro adecuada esa palabra para describir la forma de argumentar (si así podemos llamarla) de los intelectuales colombianos, o de quienes pretenden serlo al aplicar su sentido crítico a cualquier cosa.
Quizás aprendieron que la receta para ser diferentes o mejores era padecer de un poco de abulia, de un poco de desprecio por el mundo y de una buena dosis de descalificaciones hacia todo lo que hacen los demás. Particularmente parecen entrenados para hablar sobre aquello que no es importante  o determinante, pues aplican toda esa inteligencia, todo su sentido hipercrítico, en el empeño de descalificar burdamente a quienes se involucren con ellos en una discusión.

De tal forma que no hay debate, no sobre asuntos críticos o centrales para el avance del país o al menos de la discusión (tarea a la que deberían servir sus cabezas) y pocas veces veremos que se discutan ideas.  Más bien encontraremos abundantes referencias a asuntos íntimos y sin importancia como el perfume de un cierto profesor y  la falta de sexo de la que debe adolecer una cierta profesora. Por dios.  Parece no estar lejos el día en que lleguen a preguntarse en medio de un debate si ya se lavaron los dientes o si se restregaron bien detrás de las orejas.

Esos debates de los intelectuales colombianos no distan mucho de las peleas de señoritas que en habiéndose gusaneado al novio, discuten sobre quien tiene más grande el culo o cuál es más mujer para su hombre. O las de los de los señores que se miran agresivamente en un semáforo y aceleran para ver quien tiene el carro más potente. Las discusiones de los intelectuales colombianos parecen una eterna medidera de vergas.

Un sentido hipercrítico aplicado a cosas sin valor, a través del cual el debate se reduce a descalificar sistemáticamente todo lo que dice o hace esa persona que no me cae bien, pues las discusión no parece estar atravesada por el deseo de llegar a una conclusión o acuerdo, sino más bien de acomodar simpatías o antipatías.

Los intelectuales colombianos parecen incapaces de reconocer la virtud en el adversario tanto como el propio error, en un mundo a blanco y negro en el que los matices (que son los que enriquecen cualquier discusión y debate) no son posibles, pues crecimos acostumbrados a ver el mundo en esa falsa dicotomía entre el bien y el mal, tan bien retratada en las novelas mexicanas, venezolanas y colombianas, en las que hay seres horrrendamente malos y bondades solo comparables a la de la Santísima Trinidad. Gente que de tan buena resulta insoportable. Gente que de tan mala es caricaturesca.

Un sentido hipercrítico que pocas veces se aplica a la propia individualidad. Cada uno de estos intelectuales colombianos debería aplicarse ese mismo sentido, afilada e inserviblemente crítico que aplica a los demás. Deberían mirarse por un momento en el espejo de la realidad, no en el del cuento de la bruja de Blancanieves que siempre acaba diciéndoles lo bonitos  e inteligentes que son.

  1. autopoietico reblogged this from leidymarmalade
  2. leidymarmalade posted this