Kitten's meow

"I know you can read my thoughts, boy: Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow".

Homer Simpson
Recent Tweets @leidymarmalade
Who I Follow

A menudo me preguntan en qué pienso cuando estoy corriendo. Los
que me formulan preguntas de esta índole son, por lo general, personas
que nunca han vivido la experiencia de correr durante una larga
temporada. Y cada vez que me hacen una pregunta de esta clase, no
puedo evitar sumirme en una profunda reflexión: «Vamos a ver,
¿realmente en qué pienso mientras corro?». Y, para ser franco, no
consigo recordar bien en qué he venido pensando hasta ahora mientras
corría.
Ciertamente, los días en que hace frío, pienso un poco en el frío. Los
días en que hace calor, pienso un poco en el calor. Cuando estoy triste,
pienso un poco en la tristeza. Cuando estoy alegre, pienso un poco en la
alegría. Como ya he comentado, en ocasiones recuerdo de manera
deslavazada sucesos que ocurrieron hace mucho. De vez en cuando
(aunque esto no me ocurre más que muy de vez en cuando) me viene de
pronto a la mente alguna idea, apenas un esbozo, para una novela. Pese
a todo, realmente casi nunca pienso en nada serio.
Mientras corro, simplemente corro. Como norma, corro en medio del
vacío. Dicho a la inversa, tal vez cabría afirmar que corro para lograr el
vacío. Y también es en el vacío donde se sumergen esos pensamientos
esporádicos. Es lógico. Porque en el interior de la mente humana es
imposible lograr el vacío absoluto. El espíritu humano no es ni tan fuerte
ni tan consistente como para poder albergar el vacío absoluto. Sin
embargo, esos pensamientos (o esas ideas) que penetran en mi espíritu
mientras corro no son, en definitiva, más que meros accesorios del
vacío. No son contenido, son pensamientos generados en torno al eje de
la vacuidad.
Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro se parecen a las
nubes del cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen
y se van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son sólo meras
invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa. Y sólo queda el cielo. El cielo es algo que, al tiempo que existe, no existe. Algo material y, a la
vez, inmaterial. Y a nosotros no nos queda sino aceptar la existencia de
ese inmenso recipiente tal cual es e intentar ir asimilándola (…)

(…) Mientras corro, tal vez piense en los ríos. Tal vez piense en las nubes.
Pero, en sustancia, no pienso en nada. Simplemente sigo corriendo en
medio de ese silencio que añoraba, en medio de ese coqueto y artesanal
vacío. Es realmente estupendo. Digan lo que digan.

De que hablo cuando hablo de correr. Haruki Murakami.