Kitten's meow

"I know you can read my thoughts, boy: Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow, Meow".

Homer Simpson
Recent Tweets @leidymarmalade
Who I Follow

El domingo pasado presumí un poco del ajiaco diciendo que era la receta de mi abuela, de la variedad de que aprueba la utilización de arracacha.

Que sea la receta de mi abuela es más o menos cierto, pues si bien aprendí a hacer el ajiaco viéndola año tras año prepararlo para la Navidad, nunca nos dio algo como una receta, no le pregunté, ni ella le contó a  alguien delante mío cómo era que se hacía. Nunca supe cuanto pollo había que poner para el ajiaco de diez, ni cuanta papa o arracacha. No había ingredientes o procedimientos secretos. Su receta no estaba anotada en un papel místico  que reposaba en la caja fuerte de la familia. No había ningún misterio alrededor del ajiaco, salvo las tremendas ganas de comer que nos producía cada vez que lo servían. Ese era su único misterio y  encanto.

Cuando ya tuve edad suficiente para usar el cuchillo me limité a ayudar a pelar papas, arracachas, partir mazorcas y robarme los pedazos de pollo desmenuzado mientras mi abuela iba hasta la nevera por alguna cosa olvidada.

Creo que ella nunca consideró su receta un secreto digno de ser guardado, pues para ser sinceros, preparar sopas (aún mas si es un ajiaco) es algo relativamente sencillo, carente de algún misterio profundo e indescifrable: papas que se deslíen al calor del fuego y que se mezclan con el sabor del pollo y de las guascas. Es tan fácil  de hacer que  las nietas lo aprenden viendo a sus abuelas sin que medien las palabras.
+++

A. y yo teníamos bastantes juegos con los que hacíamos llevadero pasar tanto tiempo juntos.
Uno de ellos consistía en  cruzar las manos por la espalda y decirle : ¿derecha o izquierda? Solo en una de las manos reposaba algo, pero yo siempre tejía alguna historia que implicaba dos cosas y que relataba las enormes bondades de lo que estaba en una de las  manos y lo deseable que era lo que estaba en la otra. Así garantizaba siempre el misterio y la dádiva.

Recuerdo que una vez P. me explicaba que detrás de los misterios o de la gente misteriosa suele no haber nada, nada realmente raro. Sólo una leyenda tejida, un invento, exageraciones, deformaciones, re-interpretaciones o re-escrituras de la realidad. Ficción. Literatura. El misterio es, por sobre todo, un género literario, una interesante mentira tejida con pedacitos de nada. De pronto ese haya sido el único ingrediente secreto, el único misterio de mi ajiaco del domingo: una deliciosa mentira hecha de diminutas partículas de papa. Eso, y un poco de suerte que ahumó ligeramente una de las ollas, lo que le dejó un sabor muy particular. Mentiras y suerte, como casi todo lo que consideramos tan real.