Hay muchas razones por las que no me gustan las reuniones. Una de ellas es porque me parece que pierdo mucho tiempo, tiempo con el que podría hacer cualquier otra cosa y que a cambio debo invertir en recordarme cada cinco segundos que no puedo desconcentrarme, ni sentir sueño, ni distraer la mirada, pues la pragmática de la reunión corporativa requiere que los involucrados parezcan absolutamente hechizados por el tema del que se trate. Entonces intento mirar siempre adónde hay que mirar, abrir mucho los ojos y asentir tanto como sea necesario.
Para mi es tremendamente difícil mantener la atención en estos actos corporativos y se me van los minutos pegándome post its mentales para recordarme que no me puedo desconcentrar, luego otro para recordarme leer el contenido del post it anterior, y así, hasta el infinito.
Post its que digan que no puedo tener sueño, ni mucho menos ponerme a echar globos pensando como será estar en Mongolia ahora mismo, porque fijo me preguntan algo y se dan cuenta de que estoy en otra parte, y eso es inadmisible, porque la corporación no solo quiere tu cuerpo sino también tu alma.
Últimamente también me pongo un post it para recordar que que no debo reirme, pues a veces me pongo a acordarme de vainas divertidas y se me escapa alguna sonrisa, que al no provenir de un hecho claro e identificable en el contexto de la reunión (pues estas por definición no son divertidas) despierta horribles sospechas entre mis colegas, además e haberme hecho ganar una medio fama de loca. Entonces no me puedo reír.
Tampoco me gustan las reuniones porque todas las mujeres que están ahí conmigo me parecen mas bonitas que yo. Dado que nunca pongo cuidado me pongo a verlas a todas, y me parece que todas tienen una nariz mas bonita que la mía, o mas bien menos fea (tener una nariz menos fea que la mía es muy fácil) que todas se peinan, visten y sientan mejor que yo.
Entonces me acuerdo de que tengo que sentarme bien derechita, abrir los ojos y parecer interesada en todo, pero luego me vuelvo a distraer y vuelvo a pensar que se visten mejor. Que yo no me vestiría así ni para el halloween, pero que en algún sentido van mejor trajeadas que yo.
Siempre salgo de las reuniones sintiéndome un poco desgraciada, nunca me acuerdo de lo que dijeron y siento que perdí mucho tiempo, aunque tengo la capacidad -creo- de rescatar del ambiente, de todo ese ruido blanco que significa para mi entrar a una reunión, las dos o tres cosas que son indispensables para hacer parecer que estuve ahí de cuerpo y alma presente, como si mi cerebro tuviera un imán o una red capaz de atrapar las ideas importantes. Algo parecido a esas grúas magnéticas que en los basureros atrapan los objetos metálicos.
He aprendido con el tiempo a hacerlo, a parecer interesada, a hacer creer que nada me parece mas chévere en el mundo que estar ahí escuchando de nuestros planes para dominar el mundo, aunque mi alma vague por las estepas de Mongolia o mi cuerpo ascienda imaginariamente hasta una montaña para respirar aire fresco y verlo todo desde una gran distancia.